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EL ESTRÉS, MÁS QUE UNA PALABRA DE MODA
Desde que Hans Selye introdujo en el ámbito de la salud el termino estrés, éste se ha convertido en una de las palabras más utilizadas, tanto por los profesionales de las distintas ciencias de la salud, como en el lenguaje coloquial de la calle.
Selye, definió el estrés como una respuesta general del organismo ante cualquier estímulo o situación estresante. No obstante se han realizado múltiples trabajos sobre el estrés que han aportado diversas conceptualizaciones.
Una conceptualización mas comprensible de estrés, lo definiría como un exceso de demandas ambientales sobre la capacidad del individuo para resolverlos.
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Es un hecho habitual en nuestras vidas. No puede evitarse, ya que cualquier cambio al que debamos adaptarnos representa estrés. Los sucesos negativos, daño, enfermedad o muerte de un ser querido, son hechos estresantes, así como los sucesos positivos, ascender en el trabajo trae consigo el estrés del nuevo status, de nuevas responsabilidades.
Esta palabra derivada del latín "stringere", que significa "provocar tensión" y que se utilizó por primera vez en el siglo XIV.
El origen
Nuestras experiencias estresantes provienen de tres fuentes básicas: nuestro ENTORNO, nuestro CUERPO y nuestros PENSAMIENTOS.
El entorno se refiere a las condiciones ambientales, como por ejemplo ruidos, aglomeraciones, demandas de adaptación, etc. Las fisiológicas se refieren a nuestro organismo: enfermedad, accidentes, trastornos, etc. Las amenazas exteriores producen en nuestro cuerpo unos cambios estresantes. Así nuestra forma de reaccionar ante los problemas, las demandas y los peligros, viene determinada por una aptitud innata de lucha o huida, cuando los estímulos que nos llegan son interpretados como amenazantes.
Este proceso se traduce en una serie de cambios físicos observables. Así, por ejemplo, las pupilas se agrandan para mejorar la visión y el oído se agudiza, los músculos se tensan para responder al desafío, la sangre es bombeada al cerebro para aumentar la llegada de oxigeno a las células y favorecer los procesos mentales. Las frecuencias cardiaca y respiratoria aumentan, y como la sangre se desvía preferentemente hacia la cabeza y el tronco, las extremidades y sobre todo las manos y los pies, se perciben fríos y sudorosos.
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Si no se libera al organismo de estos cambios ocurridos durante la fase de reconocimiento y consideración de la amenaza, se entra en un estado de estrés crónico. Cuando uno se siente estresado y añade aun más estrés, los centros reguladores del cerebro tienden a hiperreaccionar ocasionando desgaste físico, crisis del llanto, y potencialmente depresión.
La respuesta biológica: Entre el "malo" y el "bueno"
La respuesta biológica a las demandas lleva a cambios hormonales cuantificables por datos de laboratorio y por las modificaciones que estas secreciones provocan sobre nuestro organismo, responsables de nuestras reacciones ante el estrés, ya sean funcionales u orgánicas.
Si estos cambios se hacen en armonía, es decir, si las respuestas son adecuadas al estímulo o, para explicarlo de otra manera, si están adaptadas a las normas fisiológicas del sujeto, se habla de "eustress" o "buen estrés", indispensable para el desarrollo, el funcionamiento del organismo y la adaptación al medio.
Si las demandas del medio son excesivas, intensas y/o prolongadas, aun siendo agradables, y superan la capacidad de resistencia y de adaptación del organismo, llegamos al "distress" o "mal estrés".
Es claro que resulta inevitable experimentar cierto grado de estrés en la vida y en las ocasiones apropiadas resulta benéfico. No obstante, demasiado estrés es peligroso para la salud en general, ya que se alteran en forma prolongada y perjudicial las funciones de muchos sistemas del organismo.
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Utilidad del estrés
En condiciones apropiadas (si estamos en medio de un incendio, nos ataca un animal, o un carro está a punto de atropellarnos), los cambios provocados por el estrés resultan muy convenientes, pues nos preparan de manera instantánea para responder oportunamente y poner nuestra vida a salvo. Muchas personas en medio de situaciones de peligro desarrollan fuerza insospechada, saltan grandes obstáculos o realizan maniobras prodigiosas.
¿Cuándo se convierte en un problema?
Lo que en situaciones apropiadas puede salvarnos la vida, se convierte en un enemigo mortal cuando se extiende en el tiempo. Para muchos, las condiciones de hacinamiento, las presiones económicas, la sobrecarga de trabajo, el ambiente competitivo, etc., son circunstancias que se perciben inconscientemente como amenazas. Esto les lleva a reaccionar a la defensiva, tornándose irritables y sufriendo consecuencias nocivas sobre todo el organismo:
- Elevación de la presión sanguínea (hipertensión arterial)
- Gastritis y úlceras en el estómago y el intestino
- Disminución de la función renal y del funcionamiento sexual.
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¿Por qué se produce el estrés?
Queda claro que en principio, se trata de una respuesta normal del organismo ante las situaciones de cambio. En respuesta a las situaciones el organismo se prepara mediante la secreción de sustancias como la adrenalina, producida principalmente en unas glándulas llamadas "suprarrenales" o "adrenales" (llamadas así por estar ubicadas adyacentes al extremo superior de los riñones). La adrenalina se disemina por toda la sangre y es percibida por receptores especiales en distintos lugares del organismo, que responden para prepararse para la acción:
- El corazón late más fuerte y rápido
- Las pequeñas arterias que irrigan la piel y los órganos menos críticos (riñones, intestinos), se contraen para disminuir la pérdida de sangre en caso de heridas y para dar prioridad al cerebro y los órganos más críticos para la acción (corazón, pulmones, músculos).
- La mente aumenta el estado de alerta
Fuentes de Estrés
- Sucesos vitales intensos y extraordinarios: muerte de un familiar, divorcio, nacimiento de un hijo, enfermedades o accidentes, etc.
- Sucesos diarios de menor intensidad: atascamientos de tránsito, ruidos, discusiones con compañeros, etc.
- Situaciones de tensión mantenida : enfermedad prolongada, mal ambiente laboral, disputas conyugales, etc.
Estos son sólo algunos episodios que disparan el estrés, pues sería imposible enumerarlos todos.
Desde aquí podemos afirmar que el estrés puede experimentarlo cualquier persona a cualquier edad:
- Un niño en su primer día de colegio.
- Un recién egresado sin trabajo.
- Un padre en problemas económicos.
- Un pensionado sin labor que hacer.
- Una mujer embarazada, en fin, todo el mundo.
- Inclusive, un cachorro que ha cambiado de hábitat.
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La respuesta: el pasado y el tipo de personalidad.
El estrés es un proceso dinámico de interacción entre el sujeto y el medio y por lo tanto cada persona responde de manera diferente a un mismo agente estresante. Un suceso será estresante en la medida en que una persona lo considere como tal, cualquiera que sean las características objetivas del mismo. Conflictos psíquicos individuales o diferencias culturales pueden determinar que un hecho sea neutro para una persona y que para otra desencadene violentas respuestas de estrés.
La personalidad de un sujeto reaccionando crónicamente con una determinada vía de activación teniendo en cuenta sus características hereditarias o elegido, y la descarga de conflictos emocionales no resueltos y su vulnerabilidad, serán finalmente los factores que determinarán su patología futura.
Los factores causantes de estrés serán iguales para todos los individuos, pero la vía elegida (autonómica o neuroendocrina) y la forma de reaccionar estará ligada al grado de vulnerabilidad del sujeto y a su perfil psicológico.
El perfil psicológico (A, B y C).
Los sujetos a los que se los denomina A
Corresponden a perfiles psicológicos donde predomina una respuesta excesiva. Exhiben hiperactividad, irritabilidad, son ambiciosos, agresivos, hostiles, impulsivos, impacientes crónicos, tensos y competitivos, ya sea con su medio ambiente como con ellos mismos, y sus relaciones interpersonales son problemáticas y con tendencia a la dominancia.
Podemos mencionar entonces que los sujetos con patrón de conducta tipo A, con respuesta autonómica al estrés, poseen mayor predisposición a padecer patologías cardiovasculares por la activación de las catecolaminas.
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A su vez tienen con frecuencia elevado el colesterol LDL y disminuido el colesterol HDL y acumulan asimismo otros factores de riesgo, como obesidad, nicotinismo e hipertensión.
El patrón de conducta tipo C
Se presenta en sujetos introvertidos, obsesivos, que interiorizan su respuesta al estrés, pasivos, resignados y apacibles, extremadamente cooperadores, sumisos y conformistas, siempre controlando las expresiones de hostilidad y deseosos de aprobación social.
Por otra parte, los individuos con patrón de conducta tipo C tienen estadísticamente mayor predisposición a reumas, infecciones, alergias, afecciones dermatológicas variadas e incluso cáncer, este último asociado a la inhibición inmunitaria de la que padecen en general estos sujetos.
Los sujetos con patrón de conducta tipo B
Son en general tranquilos, confiados, relajados, abiertos a las emociones, incluidas las hostiles.
El estrés y las enfermedades psicosomáticas
Son muchas las enfermedades psicosomáticas producidas por el estrés o desencadenadas o agraviadas por éste. Hemos mencionado algunas, pero es indudable que analizando la acción de las hormonas y estructuras involucradas, podemos inferir su acción sobre enfermedades digestivas (como úlceras, diarreas y estreñimiento), nutricionales y metabólicas, trastornos articulares y musculares, sexuales y ginecológicos, etcétera, y por supuesto, como agente provocador y desencadenante de trastornos psíquicos, hasta llegar a la depresión.
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Algunos manifestaciones concretas de estrés son:
- Dificultad en la deglución (espasmos esofágicos)
- Dolores en el pecho, en la espalda, en el cuello
- Disminución de la memoria
En las mujeres:
- Amenorrea (desaparición de la menstruación)
- Vaginismo (coito doloroso)
- Frigidez (inhibición de la excitación sexual)
- Tensión premenstrual / dolor de cabeza
- Flujos vaginales agresivos
Entre los trastornos que no son específicos de la mujer pero que les afectan con mayor frecuencia que a los hombres están los siguientes:
El estrés es hoy un acompañante privilegiado de nuestra existencia. La correcta utilización de sus mecanismos y el conocimiento de nuestra personalidad podrán llevarnos a la prevención de enfermedades psicosomáticas y somatopsíquicas.
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"El estrés de nuestro tiempo"
En medio de un mundo que gira a mil por hora no es un secreto que las situaciones estresantes son parte de la cotidianidad.
Al lado de ello, y para hablar de nuestro caso particular como colombianos, los hechos violentos y traumáticos también hacen parte del pan de cada día.
Robos, asaltos, homicidios cercanos, historias de amigos a quienes les hacen el "paseo millonario", calles peligrosas, asesinatos y guerra en las áreas rurales y urbanas, hechos registrados fielmente por los noticieros, periódicos y la radio se convierten en agentes estresantes, ya sea porque hemos sido protagonistas o por el simple hecho de ser observadores de los mismos.
A esto podría llamársele "el estrés de la época", "de nuestra civilización", algo así como un estrés que traemos cargado de antemano, incluso antes de nacer en un país o en una región en conflicto.
Conscientes de esa realidad, es importante referirnos al "estrés postraumático", el que, sin saberlo, muchos colombianos padecen.
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Los criterios internacionales de diagnóstico del Trastornos por Estrés Postraumático son los siguientes:
1. El individuo a estado expuesto a un acontecimiento traumático en el que:
- Ha experimentado, presenciado o le han explicado uno o más acontecimientos caracterizados por muertes o amenazas para su integridad física o la de los demás (por ej. guerras, atentados o catástrofes)
- Ha respondido con temor, desesperanza o un horror intensos
2. El acontecimiento traumático es reexperimentado persistentemente a través de una o más de las siguientes formas:
- Recuerdos del acontecimiento, recurrentes e intrusos, que provocan malestar y en los que se incluyen imágenes, pensamientos o percepciones.
- Sueños de carácter recurrente, sobre el acontecimiento, que producen malestar
- El individuo actúa o tiene la sensación que el acontecimiento traumático esta ocurriendo (por ej. sensación de estar reviviendo la experiencia, ilusiones, alucinaciones y flashbacks)
- Malestar psíquico intenso al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático
- Respuestas fisiológicas al exponerse a estímulos internos o externos que simbolizan o recuerdan un aspecto del acontecimiento traumático
3. Evitación persistente de estímulos asociados al trauma y embotamiento de la reactividad general del individuo (ausente antes del trauma), tal y como indican tres (o más) de los siguientes síntomas:
- Esfuerzos para evitar pensamientos, sentimientos o conversaciones sobre el suceso traumático
- Esfuerzos para evitar actividades, lugares o personas que motivan recuerdos del trauma
- Incapacidad para recordar un aspecto importante del trauma
- Reducción importante del interés o de la participación en actividades sociales o laborales
- Sensación de desapego o enajenación frente a los demás
- Restricción de la vida afectiva (por ej. incapacidad para tener sentimientos de amor)
- Sensación de un futuro desolador (por ej. no tener esperanzas respecto a encontrar una pareja, formar una familia, hallar empleo, llevar una vida normal)
4. Síntomas persistentes de aumento del estado de alerta (ausentes antes del trauma), tal y como lo indican dos o más de los siguientes síntomas:
- Dificultad para conciliar o mantener el sueño
- Irritabilidad o ataques de ira
- Dificultad para concentrarse
- Respuestas exageradas de sobresalto
Estas alteraciones duran más de 1 mes y provocan un malestar significativo o deterioro de las relaciones sociales, la actividad laboral o de otras áreas importantes de la vida de la persona.
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Síntomas del estrés postraumático dependientes de la cultura y la edad
Las personas que han emigrado recientemente de áreas con disturbios sociales y conflictos civiles importantes pueden presentar una mayor incidencia de trastorno pos estrés postraumático. Estos individuos pueden mostrarse especialmente reacios a divulgar sus experiencias relativas a torturas y traumatismos debido a la vulnerabilidad de su status político como inmigrantes.
En los niños mayores las pesadillas perturbadoras sobre el acontecimiento traumático pueden convertirse, al cabo de varias semanas, en pesadillas generalizadas, donde pueden aparecer monstruos, rescates espectaculares o amenazas sobre ellos mismos o sobre los demás. Los niños no suelen tener la sensación de revivir el pasado; de hecho, la reexperimentación del trauma puede reflejarse en juegos de carácter repetitivo (p.ej., un niño que se vio implicado en un grave accidente de tráfico lo recrea en sus juegos haciendo chocar sus coches de juguete). Puesto que para un niño puede ser difícil expresar la disminución del interés por las actividades importantes y el embotamiento de sus sentimientos y afectos, estos síntomas deben ser objeto de una cuidadosa valoración mediante el testimonio de los padres, profesores y otros observadores. En los niños la sensación de un futuro desolador puede traducirse en la creencia de que su vida no durará tanto como para llegar a adulto. También puede producirse la "elaboración de profecías", es decir, la creencia en una especial capacidad para pronosticar futuros acontecimientos desagradables. Los niños pueden presentar varios síntomas físicos como dolores de estómago y de cabeza.
La intensidad, duración y proximidad de la exposición al acontecimiento traumático constituyen los factores más importantes que determinen las probabilidades de presentar el trastorno. Existen algunas pruebas que demuestran que la calidad del apoyo social, los antecedentes familiares, las experiencias durante la etapa infantil, los rasgos de personalidad y los trastornos mentales preexistentes pueden influir en la aparición del trastorno por estrés postraumático. Este trastorno pueden aparecer en individuos sin ningún factor que predisponen, sobre todo cuando el acontecimiento es extremadamente traumático.
¿Qué hacer frente al estrés?
No existe una fórmula sencilla e infalible que pueda "curar" el estrés. Se requieren acciones diversas que permitan reducir las situaciones de sobrecarga. Para ello puede ser necesario "reaprender" a realizar las tareas cotidianas del hogar o el trabajo:
- Programar las actividades para que no se acumulen ni se conviertan en "incendios".
- Establecer prioridades claras.
- Delegar responsabilidades.
- Aprender a decir NO a los compromisos que no se pueden cumplir.
- Hacer bien y pronto lo que se puede hacer y olvidarse por completo de lo que no se puede.
- Asumir los grandes retos como secuencias de pequeños pasos.
- Establecer relaciones que se conviertan en un apoyo en medio del cambio, fundamentadas en la comunicación.
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Es vital estar atentos a las actitudes y acciones de las personas cercanas.
Actos como orinarse en la cama, chuparse el dedo, temor a dormir solo, quejarse de dolor de estómago o de cabeza, o no querer ir al escuela son más que pataletas de un niño, pueden estar hablando de la presencia de estrés por una situación en su entorno familiar, o la imposibilidad que encuentra para aprender a dividir por tres cifras, por ejemplo. Allí es importante mantener canales de comunicación abiertos que le permitan al niño expresar su sentir en lugar de desgastarse tanto.
¿Qué sucede con mi pareja? ¿Tendrá un problema en la oficina? Y si los tiene, ¿qué tan benéficas resultan las preguntas como "ya no me quieres"? O afirmaciones como "Te noto cambiado"?
Lo mismo sucede en el caso de las mujeres que enfrentan cambios físicos como la menopausia, a quien su esposo y su familia juzgan de "cansona"... ¿Acaso esas actitudes no incrementan el estado de estrés?
Así, si bien es importante revisar las actitudes propias frente a la propia vida en pro de evitar o manejar los factores "estresantes" y las respuestas a estos, también es importante "echar una mirada" a las propias actitudes frente a las reacciones de las personas que amamos y de las personas que hacen parte de nuestro entorno, que se encuentran dando la cara a un cambio de cualquier tipo. Así que a educarnos y a apoyarnos para evitar convertirnos en factores estresantes.
- De otro lado, existen formas de contrarrestar los efectos nocivos del estrés, como el ejercicio físico regular y las técnicas de relajación y respiración.
- El ejercicio habitual es especialmente útil, pues proporciona una forma de escape para la agresividad y la tensión, mejora el funcionamiento cardiovascular y genera un estado placentero de relajación después de cada práctica.
- La relajación es conveniente para aliviar el estado de tensión muscular que ocurre inconscientemente durante el estrés. Los músculos, especialmente cervicales(de la nuca) y lumbares (de la cintura), se contraen en forma prolongada y generan dolor. Este dolor produce incomodidad y dificulta el desempeño de las tareas, generando más estrés.
Y lo más importante, "Don´t worry, be happy"
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