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Mayo de  2010

La dosis adecuada

 

Natural como los ciclos de plantación y cosecha, como las estaciones de lluvias y tiempo seco, o como los encuentros y desencuentros entre gentes, natural como estos es la autorregulación de la vida misma.


En el organismo vivo, en la persona integrada, las experiencias fluyen de tal modo que las objeciones, los reclamos sobre porque las cosas se dan de esta manera o de la otra, los excesos, las carencias, las incertidumbres, la desconfianza, pasan a diluirse por ser cuerpos fantasiosos extraños, ajenos al propio ser, y es allí donde la vida se manifiesta, donde aprovechando el vacío dejado por la fantasía diluida, expresa su sabiduría y su compasión. Allí sí que la persona más fría y dura se conmueve, o allí sí que la persona más histriónica deja el show y se dedica a lo esencial; allí, en ese vacío, sí que todo toma sentido, lo bonito y lo feo mío, lo bonito y feo de los demás, todo toma sentido y también toma un lugar. Un lugar sin protagonismos o exageraciones, por víctima o por sobrado, un lugar en donde todo se resignifica, en donde lo feo y destructivo se limpia continuamente y es más bien apreciable, ya que también hace parte de mi. Un lugar saludable desde el cual se está listo para lo grande, para los grandes proyectos, para los grandes amores y desamores, para la felicidad, para el júbilo, para la autenticidad y para la serenidad al tomar la muerte, ya que en últimas, sino se toma a la muerte, no se toma a la vida completa.


La vida entonces es una celebración, y yo que no acojo fácilmente los mandatos superiores, he acogido este, quizá el más esencial, lo he acogido con toda: La vida hay que vivirla al máximo, solo es cuestión de permitírsele estar, solo es cuestión de permitírmelo.


Decir que la vida es para vivir parece obvio ¿cierto? Mas sin embargo esa obviedad es tan engañosa que anestesia todos los procesos vitales, los paraliza, y todo el posible crecimiento y bienestar que se pueda tener en el trabajo, en la familia, en el amor..., en cualquier aspecto, queda como un potencial bloqueado por las formas de ser rígidamente establecidas y todo el tiempo confirmadas, como si fuera más satisfactorio dejar todo como es ya que por lo menos es conocido.


En esos momentos especiales, o como diría Cantinflas "en esos momentos verdaderamente momentáneos", en los que mi fantasía se ha quedado sin piso, en los que se ha diluido, he experimentado como la vida me atraviesa y se expresa sin mi interrupción, diría que se expresa en mi ausencia, para mostrarme algo que necesito ver, o para decirme algo que necesito decir, y lo que me trae es lo que necesito, ni más, ni menos; lo que me trae es la dosis adecuada, la medida perfecta, aquello que me afecta y ayuda para seguir caminando por donde quiero caminar. Y yo escucho, y yo hago. A esto es seguramente a lo que le llaman confiar en la autorregulación organísmica, confiar en la autorregulación del organismo vivo.


La invitación que me permito hacerle señor/a lector/a es que abra un espacio para que su fantasía se comience a diluir, y así encuentre en su vida nuevas y más saludables formas de experimentarse como persona. Es más, me permito hacer el comercial y decirle que durante este mes de Mayo y la primera semana de Junio tres movimientos terapéuticos abiertos al público se producirán en la Escuela: El Taller del amor, el Taller de reparentalización y figuras de autoridad, y el Taller de Eneagrama. ¿Quién sabe?, puede que allí comience a encontrar lo que está buscando.

Ivan Ramirez Calderon