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Contagiando Consciencia

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Si la consciencia fuese un virus sería el veneno del ego, del autoengaño, de la neurosis. Sería el veneno perfecto para el futuro efímero y sin suelo; veneno para el pasado sin semilla y sin cosecha. Sería el veneno que termina con el sedante de las distracciones, con el peso de lo que se supone, con la magia negra de las palabras que hieren o mienten; sería el veneno de lo estático, de lo que no se transforma, de lo que no muere ni nace.

Si fuese un virus la humanidad estaría condenada a aceptar al mundo como es y no intentaría cambiarlo, reconocería su membresía al todo en cada instante; sus creencias controladoras serían derrumbadas desde la misma base de sus cimientos endebles y fantasiosos.

Si fuese un virus los hombres y las mujeres contagiados entrarían en el vacío caótico y real del presente, tendrían que dejar las fantasías y los placebos irresponsables y cambiarlos por la energía creadora, la creatividad. Se verían en la necesidad fundamental de hacerse cargo del único ser del que son responsables, ellos mismos.

Si la consciencia fuese un virus el ser humano tendría que vivir de verdad, pues su ego afectado y en constante agonía, por el efecto irrefutable de la verdad, perdería su naturaleza interpretativa y juzgadora, perdería su necesidad vital de protagonismo y estaría sin más remedio alguno que recuperar su inocencia, para soltar, para aclarar, para sorprenderse una y otra vez, para contemplar, para nacer y crear constantemente en armonía y sabiduría con lo se es y con lo que hay.

Si la consciencia fuese un virus nadie pagaría el precio encarcelador y limitante de la ignorancia, nadie se resguardaría cobardemente en los conceptos e introyectos de los demás.

Si la humanidad fuese contagiada por este virus la riqueza y la abundancia se verían transformadas a nuevos significados fundamentados en la diferencia, cada ser viviría el concierto de la vida como el sonido de un único instrumento en una orquesta enriquecida por millones; cada quien honraría lo misterioso y lo sagrado y aceptaría lo suyo en su momento precizo; el concepto de pobreza desaparecería, pues el virus de la conciencia muestra a cada quien su alma, su espíritu, su inteligencia, su mente, su vida, su escencia, su verdadera abundancia y riqueza...

Juan Camilo Martínez G.

Estudiante de Transformación Humana, Escuela Gestalt Claudio Naranjo

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